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sábado, 25 de julio de 2015

Chica de blanco sobre fondo negro (III)

Tercer acto.

Sonríe, sin explicación, la chica de blanco sonríe y las comisuras de sus labios se arrugan con gracia. Así esta más guapa, o al menos, parece más feliz. A veces estas cosas ocurren, cosas como las de asociar la belleza a la felicidad y la fealdad a la tristeza. Pero ella era bella, y los instantes que sonreía parecía completa, eso: feliz. 
Nadie sabía porque lo hacía ya que el fondo oscuro no le daba motivos para regalar una sonrisa tan blanca. 

Lo cierto es que un recuerdo se le había cruzado por la mente, y como si fuera una estrella fugaz le había iluminado el alma. Era un recuerdo en honor al amor; cabe recalcar que era amor verdadero, no de esos que se encuentra en cualquier mercadillo de la calle Discoteca. Con él la chica de blanco había logrado ver el fondo de color rosa, y como si el mundo se tratara de un bola de algodón dulce había querido comérselo. 

A veces le pasaba. Iba por ahí sola y con su música, y sin aviso le bombardeaba un recuerdo como aquel. Sonreía y algo le pinchaba el corazón, como si todavía doliese que eso fuera pasado. Pero no se detenía, subía el volumen de la música y seguía su camino fingiendo saber a donde iba.

Algo parecido le ocurre a la chica de negro sobre fondo blanco, pero ella no sonríe con la misma luz. Su sonrisa, si es que esa mueca torcida merece el nombre, esta torturada por el dolor. A veces los recuerdos bellos son como balas, y la chica de negro no viste corazón blindado. La pena se le condensa en los ojos, y llueve, porque sino le explota el alma y no conviene manchar las paredes blancas de tanto negro. 

La chica de negro sube volumen de la música pero su mente grita aún más alto y ya lleva demasiado tiempo con dolor de cabeza. Entonces se encuentran las dos, las coordenadas son idóneas. Se produce el eclipse lunar y se abrazan, porque el color no hace la diferencia. Las dos están rotas por la misma bala pero con cicatrices diferentes. La chica de blanco a aprendido a afrontar el dolor con sonrisas y futuro, pero la chica de negro sobre fondo blanco se remonta al sufrimiento porque vive el pasado como si fuera el presente. La música las acompaña a las dos, porque es un lenguaje que une.

Así que se abrazan. 
Llueven estrellas fugaces.
Pero ya no importa.
La sonrisa se ha fundido con las lagrimas y solo han quedado recuerdos. 





jueves, 16 de julio de 2015

Chica de blanco sobre fondo negro

Primer acto

Aparece en la escena la chica de blanco sobre fondo negro. Nos examinamos sin pausa, encontrando las miradas en cada pestañeo. Nos reconocemos, nos sabemos y lo peor de todo, nos veíamos venir. Ha llegado aquí para llenarme la cabeza de cadenas y pintar con tiza los limites de mi cordura. Pero ella no debería de opinar, es amante suicida sobre puentes pasados, no tiene tacto con el que palpar los sueños y hace tiempo que destiñó de noche su propia luz.

Yo, chica blanco sobre fondo negro, la pierdo entre mis sobras, a veces no la encuentro. No importa, la importancia se ha fundido con el valor de las monedas y ella no vale nada; nada que merezca la pena. Pena, la que habita en su sonrisa de kamikaze sobre labios veneno y piel cerilla. Parece disfrutar de tanta oscuridad sobre fondo blanco, ya ha asimilado que soy yo, y no ella, la chica de blanco sobre fondo negro. Que puedo ser fuego en la oscuridad de una caverna, que no necesito de nada ni de nadie que me ilumine la vida, porque he aprendido que solo hay una heroína y debería llevar mi nombre después tanta catástrofe. 

   Hoy, después de tantos matices, puedo mirar el espejo y besarme las sombras aunque nunca las lleve por medalla. Y sigo siendo yo, la misma chica de blanco sobre un mundo oscuro y cruel. Miro a mi al rededor y lo veo: así es, así soy; y probablemente la labor más difícil sea aceptarlo en su simplicidad más  compleja. A veces el problema del fondo somos nosotros, la sombras que siguen nuestra luz y ocultan de nuestros ojos otros puentes a vidas mejores.
Buscamos respuestas equivocadas en problemas simples, y creemos en la dificultad de las soluciones para ecuaciones aparentemente complejas.

   Yo, chica de blanco sobre fondo negro, he visto la amplia escala de grises con la que me describieron la vida...ahora que me veo la piel traslúcida del alma y la negrura de mi entorno sé, no por vista ni olfato, que nos equivocamos con los grises, que la vida es más fácil de lo que nos gusta reconocer. Es blanca o negra, como nosotros, y no hablo de tonos de piel, coordenadas geográficas ni etiquetas; hablo de espíritu hechos de luz contra mundos hostiles o de almas descompuestas por corazones caducos.

   Aquella chica de negro sobre fondo blanco ha perdido el norte, el sur, el este, el oeste, y lo más  importante, la brújula que le bombeaba sangre por amor al arte. Su corazón. Suele pasar cuando uno lo deja en desuso. Primero se oxida, el tiempo lo pule y como todo fuego que se apaga...termina en ceniza. Polvo que que es dinamita pero no tiene mechero, ni ave fénix, ni antorcha. Por ello chica de negro viste luto por su alma mientras su mundo brilla ajeno a su dolor. Así es, a nadie le importa sus miedos, que su segundo nombre sea odio, que alguien haya pulido su corazón a martillazos o le haya cosido un mapa de lágrimas en las pupilas.

   La bolsa sigue corriendo, los ladrones robando, los enamorados besando, las golondrinas emigrando y nosotras tratando de aprender a vivir con fondo blanco o negro. Sea como sea. Sobrevivimos sin matices con una sentencia de muerte pisándonos los talones.


jueves, 9 de julio de 2015

Nueva York


Nueva York a mi pies,
Estafas con nombre de impuesto cobrados a parte.
Taxistas con un móvil pegado a la oreja y una lengua muy larga.
Gente, montones de gente, con prisas que pisan pero no aplastan.
Razas y números sin importancia que respiran la alegría viva de la gran ciudad.
Luces que contaminan la noche estrellada.
Vocinas que rompen la calma, gritos que comen distancias y obras que quiebran la tierra a su paso. 

Los oidos se acostumbran a tanto ruido pero la cabeza no duerme, no descasa. Se llena de sonidos que arañan el subconsciente, la conciencia, el alma. Uno no se puede escuchar a si mismo entre tanto barullo. No hay tiempo para mirarse al espejo y decir "deja de comer mierdas, te vas a poner gordo". No hay tiempo, mucho menos en Times Square, ahí tampoco lo he encontrado. Todo va rápido, directo y sin pausas. Se respira entre paso y metro, se come entre edificio y museo, se duerme entre dolor de pies y despertador de acero. No, no hay tiempo para disfrutar del simple placer que produce perderlo entre sabanas, de un buen cafe con libros, o de terrazas donde pasar la tarde con una cerveza en los labios.

 No se detenienen a mirar el cielo porque mataron sus estrellas con las luces. Se asoman a las ventanas de un edificio muy alto y contemplan las otras torres maravillados, como si la belleza se condensara en sus muros de hormigón. Llaman arte a montañas de camisas atravesadas con palos de acero, a camas rotas que no seran para ningún sintecho, o bolas de basura colgando de un hilo. ¿Arte? Solo hay arte donde hay belleza...

Una gran ciudad, sin duda, un monstruo antinatural que acabara destruyendo el verde, haciendo de dióxido el aire, de asfalto la tierra y ladrillos los árboles. No quedará nada cuando pasen los años y siga el consumo, los productos con obsolescencia programada, las basuras revueltas, los gases de coches, caminos, buses y metros que suben al cielo y lo encapotan de gris. Llegaran los mares de plástico, los bosques de hierro, los parques de wifi y los cementerios de conciencias.

Nueva York rasca el cielo y terminara por hacerlo queso que se disolverá con lluvia acida de su propia cosecha. 


sábado, 13 de junio de 2015

Libertad

Chica Dinamita

Hablas de ella como si fuera una puta cualquiera, pero todos sabemos que ella es tu pu(n)ta. El punto de cada frase que compone tu memoria. Y ya no recuerdas si hubo vida antes de su llegada, pero las fotos de niño te lo ponen sobre seguro. 

Ella es una chica huracan, de esas que remueven el alma y te desordenan la vida. Esa chica por la que harías primaveras los 365 dias del año, y siempre habría tiempo para tormentas.

Es de esas con poesia en la mirada, y el cuerpo lleno cicatrices sin verguenza que  no teme exponer al sol. Una chica maremoto, que vuelve loco hasta al marinero más experimentado. A la luna ha dejado en huesos despues de tantas guerras. Y no debe de ser muy grande la galaxia si es inevitable encontrartela en tu ombligo. Ella, de esas chicas que prometen regalarte el cielo cuando se han colocado con una dosis extra de sueños, pero al día siguiente te traen una estrella en una caja de carton. Una chica astronauta, con el corazón fuera de orbita y la cabeza borracha dentro de una botella de ron  .


Ella, tan fuerte como el vodka y tan dulce como el caramelo. Una explosión de tu cordura, y culpala, si la bomba atomica se encuentra entre sus labios. 
Una chica droga, de esas que enganchan y consumen hasta la célula. Una musa a la que poner una pistola en la sien despues de tanto intento fallido por hacerla angel, pero una musa, por que merece la pena hacerla arte.

Una reina del caos, con un laberinto serpenteando en su cabeza, y un minotauro escondido en alguna parte.

Ella, una chica dinamita que te enseño que el fuego solo necesita de las chispas de su mirada. Que solo hace falta rozar su piel para que la electricidad ilumine una ciudad entera. Una "puta", que sabe hacerte la guerra y hablarte de amor la misma noche; y que se pierde en vasos de ginebra para llenar los huecos que le dejaron tus balas. Una chica adrenalina, con la que no necesitas parques de atracciones ni deportes de riesgo para sentir las subidas y caídas que tiene el amor. Ella, que guarda suspiros en hojas de papel y silencios en lugares remotos. Que es un terremoto, y no se mide por ninguna escala. Ella, que tiene las siete vidas de un gato negro y demasiados años de mala suerte en su espalda. Que tiene las vértebras ancladas en tus manos, y hace frío, y ya no importa.

Ella, no es una chica cualquiera. No es la tipica chica de la esquina de un bar de mala muerte, ni la tipica piadosa de misas y rezos. No, ella es una chica salvaje, de esas que saben romper cadenas y no se pueden domar. Una de esas cualquiera que se escurre las normas con saliva y habla de karma. Ella, que hace lo que le da la gana y se llama Libertad.

martes, 9 de junio de 2015

XXXV Miravalles

Han pasado los años de juegos de palmas y corros bailando. Me han pasado, por encima, y se han quedado atrás dejando una estela de recuerdos en vida.  Y después de tantos todos, y sus nadas, aquello que nunca veíamos acabar ha acabado. Pero no te preocupes, no hay adiós que no sea bienvenida. Porque cuando una puerta se cierra, en algún lugar, se abre una ventana. Tú tienes la tuya y ahora, yo tengo la mía. Solo nos queda saltar; y lo sé, da miedo. Una mezcla agridulce de satisfacción y pena. Alegría porque hoy se nos abre un mundo nuevo que quijotizar. Tristeza porque lo que se va no vuelve, o al menos, de la misma manera. 

Esto quedará para el baúl de los recuerdos, y un día...quien sabe cuando...volveremos a abrirlo para a revivir los momentos juntas. Esas risas contagiadas, porque sí, porque la vida es bella y es mejor reír las penas que llorarlas. Aunque también a habido lágrimas, por exámenes caducos que ya han sucumbido al olvido, o peleas tontas porque a veces las hormonas quieren organizar una segunda revolución francesa. De ahí nuestras barricadas en un pasillo infinito, lleno de piernas, brazos, y faldas locas, que siempre estarán de todas las formas...menos en su sitio. 

Guardaremos en secreto nuestras trastadas, para que nuestros hijos no sepan, que sí, como todos los padres, hemos hecho lo mismo. Pero ya no volverán los chicles pegados en la suela del zapato, o en pantalones indebidos, las pelotillas en el techo, o su aplastamiento bajo el pupitre de quien sabe quien. Los extintores en manos de rubias desatadas y ventanas con cristales rotos porque en el fondo, nos encanta lo cutre. Y cuanto más barato mejor. Se da por concluida la evolución de las chuletas, que tan bien nos han acompañado en este viaje. Chuletas que han besado nuestro cuerpo más que conciencias, y se han adentrado en pliegues y recodos nudistas. Recodos y recovecos. Tantos vértices hemos memorizado entre las paredes del colegio...que abandonarlo es como irse de casa. Aunque volvamos a visitarlo, no será lo mismo. 

Ya no voy a tener mi pupitre en aquella esquina apartada del mundo, donde las fantasías son siempre más reales que la ecuación de una recta tangente. Ya no va a haber más comidas sin platos, y pitillos con cenizas cansadas de estudiar.
 No habrá gritos nerviosos,
 ni nerviosas, 
o nervios compartidos, 
ni nerviosismo por digerir. 

No va a ver otra tú a mi lado, esos secretos compartidos en voz baja, o aviones de papel; o si quiera esas miradas cómplices de un extremo a otro de la clase. Miradas de esas que dicen "Que suplicio" o "Me da igual lo que me están contando". Se acaban esas conversaciones gesticulando en las que quien no ve...no entiende nada y ha de ponerse rápidamente las gafas. 

Se acaban las palabras sin censura o los modales en familia. La confianza que da asco pero que voy a echar de menos en la universidad. Esas semanas de exámenes en las que llevar el pelo limpio es toda una hazaña, o aquellos días trágicos en las que nos dicen las notas y se derrumban los cimientos asentados. Nuestros problemas de organización que siempre, sin excepción, pasan por las dos narices de Julia. Y menos mal...porque hay quienes preferimos vivir de la poesía, o llámalo cuento, que hay quienes tienen más o tienen menos. 

Somos las generacion XXXV, bonito numero nos ha tocado, en algo teniamos que tener suerte...porque en los concursos de villancicos nunca la hubo. Menos mal, que entre nosotras abundan las artistas y los ingenios, que somos capaces de construir Coca Colas de un metro ochenta, o monedas propias donde pintar un belén navideño. Eso si, mejor no hablemos de los premios del concurso de belenes, he perdido la cuenta de los que se extraviaron por el camino...o los comimos demasiado rapido para poder disfrutar. 

Durante la ESO nos dijeron que eramos el peor curso de todos. Razones no faltaban para creerlo pues en selva amazonica de nuestra generación había especies de todo tipo. Mejor no concretarlo. Pero la gente crece, madura y se da cuenta que estudiar es la llave de un futuro prometedor, así que al llegar a Bachiller asentamos la cabeza, pero por desgracia, o sin ella, no el corazon. Comienzas los noviazgos, los esfuerzos desesperados por obtener una buena media, la indecisión sobre la carrera y las noches de insomnio con los libros. 

Ahora que nos marchamos, nos dicen que somos de los mejores cursos de Miravalles. Lo somos. Pero no porque lo diga la profesora que en la ESO nos acusaba de lo contrario sino porque nosotras nos vamos con esa sensación en el pecho. A pesar de nuestras diferencias, encuentros y desencuentros durante un camino muy largo, somos una familia. Así que por todos los momentos juntas, y todo lo que he aprendido fuera de los libros en el colegio, gracias.